sábado, 25 de junio de 2016

Un mataburro cibaeño

Los esposos Frank y Joseína
Es un interesante diccionario  con el título “Aiguna palabra dominicana”, cuya autoría es de una pareja dominicana residente en Estados Unidos, Francisco de Padua Morales (Frank Morales) y María José Garrido Abreu (Joseína Morales). 
A Frank lo conozco vía correo electrónico desde el 2013, luego intercambiamos libros ese mismo año, pero todavía no lo conozco personalmente ni recuerdo cómo nos conocimos. A su esposa tampoco la conozco, pero lo importante es que hemos entablado una amistad que solo se ha logrado con la tecnología. 
Aunque en el primer conversa’o fue por su libro El mangú, me referiré al mismo en otra columna. Me encantan las expresiones orales, esas que marcan cada pueblo, cada región, cada país. 
 
Ese hablar que por su entonación, por su significado cambia de un grupo humano a otro enriqueciendo nuestra lengua. Es una obra de 441 páginas, de las cuales 413 páginas abarcan el diccionario, entre palabras y frases y las demás incluyen “Cosas de los campos”, “Dichos y cosas populares” “Cantos y juegos de niños, “Canciones de niños”, “Dichos, versos y otras cosas de niños” y “Algunas décimas dominicanas”. Frank me envió una nota en la que me expresa  “Como tú más que yo sabes, esta clase de libros se mantienen “vivos”, es decir, que hay que mantenerse añadiéndoles vocablos, dichos, etc., a las futuras ediciones. Tengo una buena lista para la próxima”.  Cuando leo esta nota de Frank me siento entusiasmada, porque un hombre que se gradúa de médico en 1953, ejerció la medicina hasta el 2001 en Estados Unidos de Norteamérica donde reside hace años, y por demás se dedica a escribir para estar en contacto con su tierra que lo vio nacer es digno de un reconocimiento por todos los dominicanos que apreciamos nuestra cultura tradicional y popular. 
 
Sus vivencias están plasmadas en este libro y en El mangú, y vendrán más investigaciones, porque lo mejor que tiene es que su esposa es una mujer “que le hace el dúo”, que es parte de ese libro, que no se sienten solos, porque sus hijos, por ejemplo Marco, son orientadores y logísticos de sus obras. Lo que no sé es si la familia Morales me va a “borrai con sique’gato”,  me van a armar un “repeipero”. Cuida’o Joseína si su “marí’o”  está “desaiboliao” luego de leer esta columna y se va “como peo’e mula”.

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Xiomarita Pérez
Columna Folcloreando
Publicada en Listín Diario el 22-06-2016

sábado, 11 de junio de 2016

La fiesta de los Guillén



Mañana domingo 12 es el encuentro con la cultura de la zona de Yamasá y sus alrededores y estará dedicada a Santiago de los Caballeros.
Hace un par de años le estoy dando seguimiento a esta tradición, porque es un espacio cultural donde prima el orden, el entusiasmo, la camaradería y la receptividad de sus organizadores. 


La gastronomía de la zona estará presente, así como la artesanía con recreaciones taínas, que identifican a esta familia y todo un despliegue de grupos folklóricos que llevarán sus bailes, instrumentos y costumbres diversas.


Los medios de comunicación juegan un papel muy importante en estas actividades, por lo que allí cada punto cultural estará identificado con el objetivo de que los periodistas reconozcan las diferentes manifestaciones folklóricas del área, entrevisten a los hermanos Guillén y a los hacedores que son los pro-ta-go-nis-tas. 


Sólo ellos, los hacedores, son los más llamados a informar sobre sus prácticas, además de que el lugar, si bien es su entorno zonal, son actividades de proyección, ya que todos los grupos originales son invitados y allí, en el hermoso lugar de los Guillén, están concentrados haciendo proyección.


Por ejemplo, los Comisarios del Santo Cristo de Bayaguana estarán presentes cantando serenatas, los veremos, pero no es el lugar apropiado para hacer una investigación de campo. Tendríamos que desplazarnos a Bayaguana en los días finales de diciembre para verlos actuando de una forma espontánea;   al igual ocurre con otras manifestaciones, como los congos de Villa Mella, que sus prácticas son en otras fechas. 


Lo interesante es que ese día habrá diferentes manifestaciones tradicionales y el pueblo tendrá la oportunidad de conocer, bailar, cantar, grabar, tomar fotos y hacer trabajos de su experiencia con estos grupos de una forma sencilla, superficial, pero no profunda.


Hay que reconocer y aplaudir el arduo trabajo de la familia Guillén, donde concentran personas de todas las regiones del país y de otros países, que esperan la fiesta de San Antonio para disfrutar en un ambiente sano y acogedor.


Este domingo todos los caminos conducen a Yamasá.  Lleguen temprano para que participen de la misa que se celebra en la iglesia del pueblo. 


Una manifestación tradicional donde se concentra música, baile, catolicismo popular, artesanía, expresiones orales y la cocina tradicional dominicana.

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Folcloreando
Xiomarita Pérez -texto y fotos
Publicado en El Nuevo Diario el 04-06-2008
Editado el 11-06-2016






miércoles, 8 de junio de 2016

Música típica y bombón


Don Américo y yo salimos de la Capital el domingo a las 10 de la mañana rumbo a Moca. Nos paramos cerca de Cutupú a degustar unos chicharrones que estaban en su punto, crujientes, frescos, en un espacio higiénico abarrotado de gente con el mismo fin que nosotros.
Llegamos a Moca, contemplé la iglesia con su fachada preciosa, una de las más bellas del país. La panadería donde compraríamos galletas de manteca estaba cerrada. Nos sorprendió la cantidad de farmacias “Lista B” que encontramos en nuestro trayecto. Luego atravesamos Santiago para ir directamente a Imbert a conocer y probar el bombón de melao.  
Lo primero que hicimos fue buscar a Zoila Sención sin saber dónde vivía. Les preguntamos a algunas personas se la describimos y solo un motoconchista nos llevó hasta su casa, pero no estaba la “maivá”.
Don Américo dijo que no iba a insistir, que teníamos que ir al cumpleaños del músico típico Carlitos Almonte en Navarrete, pero todavía mi estómago y mi mente estaban pensando en el bombón de melao, que ya Puly Gómez había comentado en su página de Facebook.
¡Por fin!, encontramos un colmado abierto y compramos dos paquetes; tenía tantas ansias de probarlo que casi desbarato la funda. En el mostrador había queso de hoja y uno de los dependientes nos dijo que el bombón con dicho queso es la combinación perfecta, pero no le hicimos caso. Tomamos carretera rumbo a Navarrete y allí disfrutamos de las ejecuciones musicales en la casa de Carlitos Almonte. Les contamos a los presentes lo del bombón de melao y un “Jinchaíto” de Moca nos ratificó lo bueno que es comerlo con queso de hoja
Compartimos con Luz Mery Almonte, hermana de Carlitos, y sus hijos Carlos José y Michel. También conocí a José Leonel Gómez, el Toro Negro, un músico de 20 años que maneja el acordeón con ambas manos. Pues de ahí salimos para Jacagua, donde degustamos también de las ejecuciones de un maestro del acordeón típico Lupe Valerio.


Finalmente el reloj nos reclamó que era hora de retornar a Santo Domingo, y en la ruta aprovechamos para comprar el queso blanco que nos habían recomendado dos personas y comprobar lo conveniente de acompañar nuestros bombones, tal como se acostumbra en Imbert. Salir de la ciudad es un respiro placentero.
 
El Toro Negro

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Xiomarita Pérez
Columna Folcloreando
Publicada en Listín Diario el 8-06-2016

miércoles, 25 de mayo de 2016

No engañemos al turista

Desde hace varios años escribo sobre la preocupación que me inunda porque estamos engañando a los turistas vendiéndoles “cangrejitos por botones” o “gato por liebre”. En la mayoría de las playas dominicanas se está vendiendo por ámbar, que es una resina fósil, por una resina sintética con un “escorpión” dentro (me imagino que lo traen de China). 
Recientemente estuve en un hotel y pregunté a uno de los vendedores en la playa qué material era la piedra que tiene el animalito dentro y me dijo que era ámbar y le expreso con dudas ¿ámbar? -Sí, es resina de ámbar y lo vendo en 1,500 pesos.
 
Esta resina sintética se vende en R.D. como ámbar

Luego entro a una de las tiendas dentro del centro hotelero y me encuentro con variedades de ámbar y le pregunto a la dependiente que si tiene ámbar con insectos en su interior y me contestó que sí, pero con diferentes precios, dependiendo del tamaño de los “dijes” y el tipo de insecto. Me mostró algunos y los precios oscilan desde 25,000 a 60,000 pesos. Esto quiere decir que a los turistas los engañan y a nosotros también si desconocemos el material, y más a los dominicanos ausentes que quieren el ámbar y se los llevan, lo lucen y hacen alarde de que compraron una piedra original cuando es una resina sintética.
 
Artesanía haitiana

Así sucede con las artesanías en madera que son de identidad haitiana y su pintura ‘naif’, las que admiro y respeto mucho, pero venderlo como identidad dominicana no lo acepto y nuestros vecinos no son los responsables. Son los dueños de hoteles y restaurantes los que deben tener el conocimiento, incluso, deben participar en talleres sobre el tema. Pueden vender su artesanía, pero con el sello identitario de su país y no importaría.
Mientras esté viva seguiré criticando esta situación tan vergonzosa. En este país hay juez y parte y por eso es que estamos así. Lo peor es que los guías llevan a los turistas donde le “mojan” la mano, aunque estén vendiendo unos llaveritos con el dibujo de una pareja haciendo sexo, con un sombrero mexicano que les oculta solo sus rostros y dicho sombrero reza: “Hecho en República Dominicana”. Vergüenza nos debe dar, y nadie dice ‘na’.

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Xiomarita Pérez
Columna Folcloreando
Publicada en Listín Diario el 25-05-2016

jueves, 19 de mayo de 2016

Vivencias en mi Villa Juana



 
Farmacia Española
No recuerdo un caso igual al que les cuento, en relación a una pintura de labios. En los años 70, hubo una moda en los cosméticos, básicamente en la juventud y en personas adultas y lo fue el pintalabios número 53 de la línea de belleza Margaret Astor. Lo recuerdo como ahora y muchas veces he pensado si lo estarán produciendo, porque me gustaría adquirirlo. Era de color café claro un poco bronceado, y no dudo que fuera el único color de esa época con tal aceptación. Si bien es cierto que los pintalabios van a tono con el color de la ropa, eso no ocurría con este pintalabios. También recuerdo que cuando ya estaba gastado disfrutábamos de entrar el dedo en el envase casi vacío y sacar una “boronita” de esa crema acaramelada con olor a café.
 
Pedro Holguín y Carlos Manuel Valerio con afro y pantalones campanas
En esa época también estuvo de moda la colonia Jean Naté, la marca de pantalones Levy, el “hot pants”, los pantalones Cantinflas, los campanas, las medias de mallitas, el corduroy, los panties “talla única”, y los “mangas largas y cuello tortuga”, el esmalte marca Cutex, las toallas sanitarias Eva, promocionada por la extinta Marcia Matos en Radio Guarachita; el azúcar de leche, que es la lactosa, el litargirio (óxido de plomo) para el mal olor de los sobacos o axilas, el afro, el chargui, "a lo boy".

De emisora ni hablar, recuerdo HIG, RPQ Cadena Azul, La voz del Trópico, Radio Radio y qué decir que en esa década la avenida más transitada era la San Martín y una de sus tiendas principales era Graná, que la anunciaba en televisión José Joaquín Pérez “Como Graná no hay ná’”. Luego le tocó el turno a Plaza Naco y después El Conde.
 
Antigua Compra-Venta Gardenia
Recuerdo como ahora el programa Letra y Música, de Rafael Solano. Juan Colón tenía su "fanclub". Guardaba su Ford Cortina blanco en un garaje de la Peña Batlle frente a casa. Para las adolescentes era un orgullo conversar con él, porque era de la “farándula”, que en ese tiempo era una gran cosa. 
El programa lo veíamos en un televisor Sharp de cuatro patas, blanco y negro. Recuerdo una obra de Joseph Cáceres en el legendario Club Mauricio Báez y fue “Tataiba”. De los colmados el de Quírico, que estaba en la Peña Batlle con Summer Welles, era en el que mi madre tenía crédito. Y la Compra-Venta Gardenia?
 
El colmado de Fellito
Otros dos colmados en mi barrio era el de Salustiano y el de Fellito, que aún conserva su fachada, con los mismos colores que guardo en mi memoria, azul y rojo. Había una barrita donde también vendían leche batida con vino tinto y canela, era de Julia; y otros dos negocios “La telefónica”, frente a casa; y La Casona, en la Peña Batlle con Summer Welles, frente a la Farmacia El Sol, de don Pedro, que en la segunda planta estaba la “embajada” de Gaspar Hernández. En esa esquina Carmen y yo esperábamos a las 6:00 de la mañana la guagua de la Compañía Nacional de Autobuses, siendo las primeras en recorrer la ruta que nos llevaría al Colegio Santa Clara en la Ciudad Colonial.

Con Fellito, personaje emblemático de nuestro barrio
Un personaje de ese pedazo sectorial fue Chicho, un limpiabotas que aunque se “propasaba” con las muchachitas, también me cuidaba cuando llegaba a las 12 de la medianoche, después de una presentación y la guagua de la UASD me dejaba en una esquina.

Los jóvenes y niños que recuerdo son: los hermanos Juan (Guancho), Carlos Manuel, Rubén y Carlos Valerio (Maguiga), Norma y Daisy, hijos de Limba; Negro, Alvarito y Miguel Angel (Capute) hijos de Apolina, y sus nietos Miguel, José y Andrés. Tres personas que también vivieron en la Peña Batlle 104 fueron Juan José Bona, Ramón Arístides Morán (Yiyi) y Tony Oliva, que emigraron de Puerto Plata para estudiar en la Capital.
 
Casa del maestro Cayín y Mireya en la Alonso de Espinosa
Al esposo de Apolina le decían Puto. Los hijos de Juana y Medina: Rafelito, Milagros (quien me pasaba la tenaza), Toña, Victoria, Carlitos (bailador de salsa), José, Luisito y Nelson. También Lidia y Negro, con sus hijos: Argentina, Thelma, Alicia y David; Mamita, Leda, Neyda, Rolo, Miguel, las mellizas: Teté y Tití. Sensa, Virtudes, Noña. Elsa, doña Tila, doña Gregoria, Luisita, Noemí y doña Dinorah, Miguelina, Julito, Miguel Andrés, Alberto; Carmen Ventura, Berto, Susana, Chanito, José, Josefina, Marola, Patricio, Teté y Tití, Mima y Rafael, doña Palmira, Miriam y Helen Rojas. Reina y sus hijos; Carlitos, Magaly, Tita, Mercedes, Mima y sus hijas; Doña Elsa, propietaria de la fantasía donde mamá compraba los encajes y botones. La panadería de Plácido, donde papá compraba sus panes después que le dió un boche a un panadero que pasaba a las 5:00 de la mañana voceando “mami, llegó papi, llevo pan ñoño mami, que si lo aprietan grita” y el panadero jamás le “voció” a mamá
 

Al lado de la panadería todavía se conserva preciosa la casa de madera pintada de verde de la familia Guzmán-Garcia (Mireya y Cayín) El maestro Kayín era ebanista y todo los arreglos de la casa lo hacía él. Qué decir de José, de la Farmacia Española, un ser humano bondadoso, de Leonel Carrasco,  de Lucrecia “La tineyer” y su madre Fonsa; de Rosalía, la del salón donde me desrizaba y su esposo, Edel. Los Montalvo (Matilde, Nieves, Robertico, etcétera). También de Ruth Miriam Cohn Thomas y su Jardín Ruth Elena, Miguel Cohn; doña Marina y sus tantos hijos, doña Consuelo y sus hijos Víctor y Bolívar; el salón de Dionys. Los Andrickson, los Ariza, los Vargas-Candelario. Recuerdan el teatro Cometa?

Antigua farmacia El Sol. Arriba estaba la "embajada" de Gaspar Hernández
Pasar mi pubertad, adolescencia y adultez en Villa Juana, después de llegar desde Puerto Plata, fue una experiencia divina, porque aprendí que las personas adquieren formación desde su casa, y vivir en vecindad me ayudó a conocer personas sencillas, que todavía tengo en mi memoria.

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miércoles, 18 de mayo de 2016

La carencia es importante



En mi casa nunca ha faltado pasta dental, papel higiénico, agua, jabón, porque siempre tengo el sustituto. O sea, mis hijas nunca se dieron cuenta que faltaba algo, hasta un día que hice una prueba. 
Un día se acabó la pasta dental, y la exprimieron tanto con un cuchillo que el revestimiento blanco de la misma se le fue quitando y solo se veía el color aluminio en el tubo. Me dijo una de ellas que se había terminado la pasta y le contesté que no había dinero (tenía una guardada). 
Luego le dije que en la nevera había limones y en el gabinete de la cocina bicarbonato de sodio y me contestó que nunca se había cepillado con limón porque es agrio y el bicarbonato no lo había probado. Le contesté que un par de días sin cepillarse sin pasta no era problemas, que compraran una menta y problema resuelto. 
Le hice el cuento de mi padre, aun viviendo en Puerto Plata, que lo vi un día cepillándose con carbón y tenía la dentadura impecable. 


En otra ocasión ellas querían ir a Plaza Central en su apogeo y les dije que no tenía dinero, pero se me prendió el bombillito y nos fuimos en dos carritos y con 250 o 150 pesos (en 1994), disfrutamos muchísimo. 
Les dije con mucha alegría que esa tarde íbamos a hacer un viaje imaginario a varios países en el cuarto piso de la Plaza y que comeríamos la tradición de algunos países. 
Primero viajamos a México y compramos un taco. Lo degustamos a mordidas, explicándole su procedencia, luego un pedazo de pizza (solo le di una mordida, porque a las chicas les encantaba), pero me la empaté con un “niño envuelto”, les expliqué su procedencia y cuando lo partí no quisieron probarlo y yo feliz. Luego un quipe y le dieron su par de mordidas. Al final compramos una gaseosa para las tres. 
El ser humano aprecia las cosas cuando no las tiene y ellas me decían que yo siempre estaba justificando todo. 
Parece que Nathalia, la mayor, desde esa época tenía guardado algo en su interior y lo externó a finales de los 90 cuando nos bajamos de una de las guaguas oxidadas que viajan a Haina: “Usted con su cultura nos va a volver locas”, esa expresión me sorprendió y me exploté de la risa por su repentismo.

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Xiomarita Pérez
Folcloreando
Publicado en Listín Diario el 18-05-2016

lunes, 16 de mayo de 2016

La carne "salá"





 Antes se salaba la carne para que durara más tiempo. Se sazonaba con sal, agrio de naranja, ajo y orégano y se colocaba en un cordel en el patio. 
Esa carne duraba semanas en esa condición y cuando se iba a comer se hervía unos minutos en agua y se acompañaba con plátanos “sarazos”, rociándole un poco del agua salada de la carne.

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Xiomarita Pérez
Publicado el 16-05-2016